Fez. Retorno a la Edad Media.

 

Fez ( فـاس [Fās], en árabe, Fès en francés).

 

Fez

La historia de Fez ha presentado muchos altibajos. Fue la primera capital imperial del reino en el año 808 con Idriss II. Siempre ha sido la capital espiritual de Marruecos. Con una población que se estima en más de 1 millón de personas, (que se han establecido en su mayoría huyendo de las sequías del campo), es una ciudad que adolece de una enorme saturación. Sumergirse en su medina antigua es, sin duda, hacer un viaje al pasado.

 

 

 

 

imageComo centro de la cultura del país que ha sido y es, Fez albergó entre sus murallas una importante representación de las más variadas comunidades.  Sorprende al viajero español encontrarse con un Barrio de los Andaluces en plena medina vieja, con su propia mezquita y escuela coránica. La explicación se debe, en parte, a la progresiva Reconquista cristiana de Al-Andalus. Algunos de los fasis actuales son descendientes de aquellos andalusíes que tuvieron que emigrar de su tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Puerta de la Mezquita de los Andaluces.

 

 

image En la cultura islámica, las medersas (o madrasas) tenían la función de educar. Hoy en día, algunas de estas "escuelas coránicas" continúan en uso. Aunque la mayoría permanecen abiertas con un fin meramente turístico. Los trabajos de los artesonados de madera y los mocárabes de escayola son dignos de admirar. El patio central con su pequeño estanque, y la disposición de las celosías de madera, de aire muy oriental, así como los juegos geométricos de los azulejos del suelo y las paredes, recuerdan vagamente a las salas de La Alhambra de Granada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Madrasa de los Andaluces

 

Barrio de los Tintoreros.

Pero Fez es mundialmente conocida por sus artículos de marroquinería. Y para llevar a cabo todos esos productos artesanales, es necesario preparar y teñir las pieles de los animales. El proceso consiste en limpiar primero la piel (de cabra normalmente) de todo rastro de grasa e impurezas. Así, se sumergen en una mezcla con cal para dejarlas limpias. Las cubetas que se usan para este proceso son las blancas que aparecen en la esquina superior derecha. Luego, para darles el color  adecuado, se bañan las pieles en una serie de pequeñas cubetas, llenas de tintes de colores vivos, que dan al conjunto una visión casi de caja de acuarelas de un pintor. Lo que es imposible reproducir en la foto es el penetrante olor ácido a "cabra muerta y cal" que despide esta suerte de factoría de curtidos al aire libre. La visita al Barrio de los Tintoreros en el mes de julio, a unos 45º C, es una experiencia reservada para los olfatos más resistentes...!!

 

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Mezquita de Al-Qarawiyin

La mezquita de Al-Qarawiyin es el polo de religiosidad y cultura más importante de Fez. Como centro de enseñanza, su antigüedad es incluso mayor que la de la Universidad de Oxford o La Sorbona. Hoy en día sigue siendo el punto de referencia intelectual de todo el Magreb. Desgraciadamente, la mezquita como tal, está cerrada al paso de los no musulmanes...

La seña de identidad de la mezquita del Qarawiyin son sus alminares de corte oriental y el característico color esmeralda de sus tejados. El verde es el color del Islam, de la monarquía Alauita, y de la ciudad de Fez. 

 

image Una de las puertas de acceso al Qarawiyin.

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Tejado verde de la Mezquita del Qarawiyin.

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Patio en el interior de la mezquita

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Rabat. La Capital del Reino.

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La ciudad de Rabat se encuentra situada a unos 250 Km. al sur de Tánger. El núcleo originario de la ciudad se estableció en un promontorio junto al estuario del río Bou Regreg. Rabat forma junto con la vecina Salé una urbe de unos 700 000 habitantes. Sede del gobierno y de la Corte, es una ciudad llena de vida donde se funde a la perfección el carácter desenfadado marroquí con los modos refinados franceses.

Gracias a la autopista que comunica las ciudades de Casablanca, Rabat y Tánger, el trayecto en autobús desde el estrecho se hace de forma muy cómoda. Eso sí, hay que tener cuidado con los paisanos que cruzan tranquilamente la vía de una parte a otra sin fijarse mucho en los coches...!!

Rabat no es una ciudad que suela aparecer en los folletos de las agencias de Viaje. Por eso, descubrir todo su encanto oculto se convierte en una verdadera aventura.

Para mí, esta luminosa ciudad al borde del atlántico fue durante todo un mes mi lugar de residencia, y en ella llegué a sentirme realmente muy a gusto.

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 image La alcazaba de los Udayas, en plena Medina de Rabat

Para familiarizarse con una ciudad, nada mejor que andar por sus calles. En una ciudad árabe, esto se puede convertir en algo un poco complicado. La configuración laberíntica de las callejas de la Medina es todo un reto para el turista novato. En estos casos, ni siquiera un buen plano de la ciudad es de mucha ayuda...

 

Pero la incertidumbre de no saber muy bien donde está uno, pronto se desvanece ante los puestos y tiendecillas llenos de mil y un objetos diversos como son cajitas de madera, orfebrería, especias de aromas y colores nunca antes vistos, y talleres de artesanos que uno ya creía perdidos en la noche de los tiempos, y que ante nuestros incrédulos ojos, toman forma de nuevo...

Y cómo renunciar al encanto y colorido de... una chilaba!! y al regateo imprescindible para redondear una tarde llena de descubrimientos en el zoco de la Medina de Rabat.

Las dos Anas y Noelia con sus chilabas de fiesta.

image Un detalle del zoco de la Medina de Rabat.

En esta imagen, es curioso observar al hombre que está sentado a la izquierda en su tienda. Está elevando las manos hacia el cielo... estaba cantando, o quizás rezaba...?

 

 

image Atardecer sobre el río Bou Regreg. Al fondo, la Torre Hassan.

Desde la Alcazaba de los Udayas, hay un mirador con una vista excepcional sobre el estuario del Bou Regreg. En una apacible tarde de julio, los rabatíes más pudientes se deleitan tomando un té con menta en el Café de La Alcazaba, (a la derecha de la imagen), mientras el resto de la población pasea por la arena. Al fondo se levanta la Torre Hassan, obra inacabada de la que debería haber sido la mezquita más grande del mundo musulmán, allá por el siglo XII. Es (junto con la Kutubiya de Marrakech), una de las dos "hermanas" marroquíes de nuestra Giralda de Sevilla.

 

image Cementerio de Salé

En la orilla derecha de la desembocadura del río Bou Regreg, se encuentra la ciudad de Salé, (Slá).

Plaza fuerte en el pasado, ocupada por los españoles y los portugueses, hoy conserva una gran personalidad propia a pesar de estar integrada en el área de Rabat. Su cementerio es realmente impresionante. Situado al borde de la arena, es frecuentemente visitado por los lugareños que van y vienen camino de la playa. Un abigarrado mosaico de tumbas se abre ante nuestros sorprendidos ojos. En la cultura islámica, la vida y la muerte no están tan separadas como en nuestra sociedad occidental.

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Un viaje interior…

 

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“Marhaban bik!!”

 

En julio de 2000 realicé un viaje de estudios a Marruecos. En principio, todo estaba calculado para quedarse allí un mes, que era el periodo que duraba el cursillo de árabe que me disponía a realizar en la Universidad Muhammad V de Rabat. Pero finalmente, la experiencia se alargó unos días más, hasta el 3 de agosto de ese año.

Aquel viaje, representó para mí algo más que un desplazamiento físico a otro país, a otro continente, a otra cultura, o a otra época en el tiempo. Fue también un auténtico viaje interior; un viaje que marcó definitivamente, un antes y un después en mi forma de ver la vida.

Detrás de "Musafir", no se esconde nadie especial. Solamente un ser humano más. Una persona que ha vivido, (como muchas otras quizás), un largo periodo de oscuridad interior. Una ausencia de luz que, definitivamente, se acabó en el mismo instante en el que decidí irme de viaje. Cuando iba de camino en el ferry de Tánger, no sólo dejaba atrás mi casa y mi rutina por un tiempo. No; era consciente de que abandonaba definitivamente una vida y que comenzaba otra mucho más gratificante: mi verdadera vida. Sentimientos contradictorios guardo de mi regreso a España. Abandonar la ciudad de Rabat, después de cinco semanas se me hizo difícil. Y en el mismo ferry que un mes antes me acercó a Marruecos, no pude evitar mirar hacia atrás, en la cálida noche de agosto, y contemplar emocionado cómo iban desapareciendo las luces de la ciudad de Tánger.

Fue en Marruecos donde conocí a una persona totalmente especial para mí. Después de haber vivido en la misma ciudad durante casi siete años sin conocernos, el azar quiso que fuera a 1500 Km. donde supimos el uno del otro. A mi amiga Qamar le he de agradecer sinceramente la inestimable ayuda y comprensión que me ha brindado desde el mismo día en que nos conocimos hasta hoy. Los lazos de amistad que hemos creado en estos últimos años, a pesar de la distancia, muy difícilmente se borrarán.

Reivindico con estas líneas el espíritu beneficioso del "viaje" desde mi propia experiencia personal. No importa el destino último de éste: lo más importante es el propio camino. No he realizado el Camino de Santiago, pero comprendo perfectamente las sensaciones que me transmiten quienes lo han vivido, puesto que para mí, mi Santiago particular en este caso, estaba un poco más al sur... siempre el sur.

"Porque más allá del horizonte donde la luna se funde con el mar en un baño de plata..., y más allá, donde las mujeres al atardecer cuando el sol tiñe de oro las aguas, cantan a sus hijos cuentos soñados en épocas pasadas y los viejos se entretienen jugando a las cartas, mientras el jazmín llena de dulzor el aire cálido y las barcas se alejan esperando tener buena jornada de pesca... más allá, en definitiva, el mundo también existe".

Musafir.

Marruecos. Nuestro vecino del Sur.

 

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Tan sólo 14 Km. separan a Europa de la costa norte de Marruecos, y jamás pude imaginar que una distancia tan corta supusiera un cambio tan radical entre estas dos orillas de un mismo mar. Porque el desplazamiento no es sólo físico, sino principalmente cultural. Para el viajero occidental, se produce una especie de cambio en las coordenadas, donde el espacio y el tiempo parecen tener otra dimensión, mucho más amplia y pausada.

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El Estrecho. Al fondo a la izquierda, Ceuta. Bajo el Monte Musa, el islote del Perejil.

Tras una hora y media de travesía en ferry desde Algeciras, se llega al puerto de Tánger. El estrecho de Gibraltar es, debido a su posición estratégica, una especie de concurrida vía por donde navegan cientos de grandes buques de contenedores, así como todo tipo de barcos: desde pesqueros, pasando por barcos de recreo, hasta buques militares, e incluso pateras.... Entre este intenso tráfico, nuestro ferry se ha de abrir camino, cruzando literalmente de lado a lado, esta imponente autopista marina. Y esto que debería ser relativamente fácil, se vuelve incluso peligroso en días de niebla y de mucho tráfico. A nadie de los que hemos cruzado el estrecho en un ferry se le puede olvidar la estampa amenazadora de un enorme carguero lleno de contenedores, saliendo de entre la niebla matinal y pasando sólo a unas decenas de metros de nuestro barco...

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Finalmente, cuando la niebla iba levantando, pudimos contemplar por primera vez la costa africana. Tánger se iba perfilando delante de nosotros, y a la izquierda de la silueta recortada de su puerto y su medina vieja, las montañas verdes del Rif iban dándonos la bienvenida. Este iba a ser el incomparable marco que actuase como puerta de entrada a las costas africanas. A partir de ese punto, empezaba realmente nuestro viaje por Marruecos.